
Me levanto un lunes, pero no es un lunes normal, en las calles se ha dejado de respirar la crispación de estos quince últimos días, crispación que nunca debió existir pero que fue el arma arrojadiza de quien no ha tenido argumentos de tipo verbal y no ha querido entrar en lucha democrática con sus contrincantes, suponiéndose así mismo una superioridad que nunca tuvo y que convirtió en dictadura individual despreciando el interés del pueblo por escuchar colectivamente y no monólogos sin fondo.
Al final ha triunfado la libertad, la oferta de todos aquellos que pensando de forma diferente pero respetando a los demás y sin levantar la voz, han querido una Béjar mejor, sin favores para unos pocos, sin llegadas fantasmas de esperanza, sin obras superficiales, sino que hoy, los bejaranos hemos preferido la transparencia y los programas de futuro. Programas que sembrarán para después recoger, programas basados en el respeto a toda la población, sin tener en cuenta su condición, respeto al perdedor aunque hayas sido el ganador.
El ciudadano tiene la palabra más importante aunque no se le haya tenido en cuenta durante cuatro años, se le puede callar con amenazas pero a los cuatro años y aunque sea por una vez es el que decide, y en esta ocasión bien decidido.
Aún así, el toro antes de morir tira nuevas embestidas, embestidas más fuertes si cabe y que hacen dudar de la capacidad del barco para aguantar el embiste, ataques que no pudieron llegar a ser mortales porque la suerte estaba echada, una suerte que se labró con el día a día y estos últimos cuatro años y que nos recordaron con creces.
El Ayuntamiento debió ser siempre la casa de todos, dejó de serla hace mucho tiempo y ahora vuelve a serlo, pero vuelve con más fuerza aún porque por lo menos sé que al frente de la nave estará una buena persona, una persona que mira por los demás, algo que no tiene que demostrar, una persona querida y una persona respetada, después el cargo. Se que la puerta estará abierta para todos, los más ricos y los más pobres.
Antes de reflejar la fiesta posterior he querido hacerlo con mis sentimientos de futuro, esperanza en hacer algo para todos, en que los fallos llegarán pero con ellos la humildad en reconocerlos de quienes los tendrán, humildad que estuvo ausente en estos últimos tiempos.
La noche predecesora a la tranquilidad fue de cambios constantes del ritmo del corazón; nerviosismo desde por la mañana, algo mas pausado a primeras horas pero acelerándose según avanzaba la tarde noche.
Descargó la energía en su llegada a la morada dos veces destruida por quienes no usaron la democracia por bandera, esperanza según avanzaban los datos en el ordenador y al final, alegría desbordada por que hubiera triunfado la libertad y hubiera perecido el despotismo, no ilustrado en este caso, sino más bien al contrario.
El triunfo final pasó a momentos fiesteros, brindis, caras conocidas y de nacionalidades dispares, bailes aunque pocos por mi parte hay que decirlo, y al final unimos fuerzas con el de la cabeza rapada y sonrisa de oreja a oreja, que debería por capacidad de trabajo haber también triunfado plenamente pero que disfrutó como si hubiera sido el “number one” y sin olvidar al pseudo Rafael, que nos deleitó en algunos momentos con sus bailes pero ya cayó en una pesadez extrema que se le volvió en contra después de que encaprichara con lo que no debía ( no se las veces que menté al Santo Job para que me acompañara en este calvario nocturno).
Al final, el blues pudo con el espíritu del baile y la obligación trabajadora del día siguiente remató la faena para convertir a la cama en el descanso de los guerreros, esta vez y tras aguantar muchos palos, vencedores de una ciudad que por lo menos será dirigida por “una buena persona” al que le ví una cara de satisfacción que refleja las ganas de trabajar que ahondan en su fuero y esta vez sí, rodeado de un equipo.
“Los Otros” (fantasmas en alguna película y que desaparecieron como tal), no supieron ganar, menos gobernar, no podíamos esperar que supieran perder.
(“Arriba los pobres del mundo, en pie los esclavos sin pan…”). Enhorabuena.
Al final ha triunfado la libertad, la oferta de todos aquellos que pensando de forma diferente pero respetando a los demás y sin levantar la voz, han querido una Béjar mejor, sin favores para unos pocos, sin llegadas fantasmas de esperanza, sin obras superficiales, sino que hoy, los bejaranos hemos preferido la transparencia y los programas de futuro. Programas que sembrarán para después recoger, programas basados en el respeto a toda la población, sin tener en cuenta su condición, respeto al perdedor aunque hayas sido el ganador.
El ciudadano tiene la palabra más importante aunque no se le haya tenido en cuenta durante cuatro años, se le puede callar con amenazas pero a los cuatro años y aunque sea por una vez es el que decide, y en esta ocasión bien decidido.
Aún así, el toro antes de morir tira nuevas embestidas, embestidas más fuertes si cabe y que hacen dudar de la capacidad del barco para aguantar el embiste, ataques que no pudieron llegar a ser mortales porque la suerte estaba echada, una suerte que se labró con el día a día y estos últimos cuatro años y que nos recordaron con creces.
El Ayuntamiento debió ser siempre la casa de todos, dejó de serla hace mucho tiempo y ahora vuelve a serlo, pero vuelve con más fuerza aún porque por lo menos sé que al frente de la nave estará una buena persona, una persona que mira por los demás, algo que no tiene que demostrar, una persona querida y una persona respetada, después el cargo. Se que la puerta estará abierta para todos, los más ricos y los más pobres.
Antes de reflejar la fiesta posterior he querido hacerlo con mis sentimientos de futuro, esperanza en hacer algo para todos, en que los fallos llegarán pero con ellos la humildad en reconocerlos de quienes los tendrán, humildad que estuvo ausente en estos últimos tiempos.
La noche predecesora a la tranquilidad fue de cambios constantes del ritmo del corazón; nerviosismo desde por la mañana, algo mas pausado a primeras horas pero acelerándose según avanzaba la tarde noche.
Descargó la energía en su llegada a la morada dos veces destruida por quienes no usaron la democracia por bandera, esperanza según avanzaban los datos en el ordenador y al final, alegría desbordada por que hubiera triunfado la libertad y hubiera perecido el despotismo, no ilustrado en este caso, sino más bien al contrario.
El triunfo final pasó a momentos fiesteros, brindis, caras conocidas y de nacionalidades dispares, bailes aunque pocos por mi parte hay que decirlo, y al final unimos fuerzas con el de la cabeza rapada y sonrisa de oreja a oreja, que debería por capacidad de trabajo haber también triunfado plenamente pero que disfrutó como si hubiera sido el “number one” y sin olvidar al pseudo Rafael, que nos deleitó en algunos momentos con sus bailes pero ya cayó en una pesadez extrema que se le volvió en contra después de que encaprichara con lo que no debía ( no se las veces que menté al Santo Job para que me acompañara en este calvario nocturno).
Al final, el blues pudo con el espíritu del baile y la obligación trabajadora del día siguiente remató la faena para convertir a la cama en el descanso de los guerreros, esta vez y tras aguantar muchos palos, vencedores de una ciudad que por lo menos será dirigida por “una buena persona” al que le ví una cara de satisfacción que refleja las ganas de trabajar que ahondan en su fuero y esta vez sí, rodeado de un equipo.
“Los Otros” (fantasmas en alguna película y que desaparecieron como tal), no supieron ganar, menos gobernar, no podíamos esperar que supieran perder.
(“Arriba los pobres del mundo, en pie los esclavos sin pan…”). Enhorabuena.