domingo, 9 de diciembre de 2007

Los "Hombres de musgo".




Se que mi entrada debe comenzarse pidiendo perdón por mi apatía con el teclado, sé que he dejado pasar mucho tiempo hasta esta nueva incursión pero cuando uno pierde la rutina cuesta volver a la senda. Por otro lado se que los que me siguen son mis amigos así que casi me otorgo el “autoperdón”.
Tenía pensado hablar de ciertas cosas pero hay una que eclipsa el resto y es la salida al campo con los verdaderos “HOMBRES DE MUSGO”, los niños de musgo mejor dicho.
Cuando hay en casa niños, aparte de que se monta el belén con bastante asiduidad, hay que montar el belén verdadero, como un acontecimiento en mi caso asociado a este puente que hemos pasado, un acontecimiento donde los padres escondemos que nos hace ilusión, enmascarándolo con que son los niños los responsables.
El musgo no puede faltar en la ocasión pero hay que ir en su busca; los chinos tienen de todo pero ir a buscarlo al campo no tiene parangón.
Dispuesto a ello partí con Mario e Islem como ayudantes en la tarea y los alrededores de la Fuente del Lobo fueron nuestro coto de caza “musguiana”.
Todo empezó bien, ilusión a raudales y primeras lecciones teóricas de cómo levantar el musgo sin romperlo y primeros fallos técnicos, si la falta de paciencia está reñida con el “levantamiento de musgo” y le unimos que a “puñaos” es más difícil, pues se tiene la solución del musgo que cogieron los dos “ELFOS AYUDANTES” que me llevé a la tarea.
Por si algún aventurado quiere tomar apuntes para la ocasión, los resumiré en un esquema:
FASE DE EXPLORACIÓN.
Fase inicial en la que se descubre el lugar y la forma. Que será eso de coger el musgo. Como digo, la parte teórica de aprendizaje existió pero duró más bien poco, o nada, porque los oídos no escuchaban y se lanzaron a la práctica.
FASE COMPETITIVA.
Segunda fase: (fase que puede aparecer en cualquier momento y de forma repetida), ver cuál de las dos bolsas estaba más llena, fase como es obvio en la que no nos poníamos de acuerdo. Esta fase competitiva dejó empate técnico en los dos bandos, pero buen empate porque había dos ganadores y ningún perdedor.
FASE DE RECREO.
Tercera fase: me he cansao de coger musgo y voy a escalar paredes (con musgo claro, que resbala más). De esta fase conseguimos salir sin accidentados. Un logro.
FASE DE PRUEBA.
Fase final: prueba del musgo, a ver que tal nos queda (adjunto fotos de muestra), y de vuelta al hogar.
Me voy a saltar la fase en la que me tocó sacar el musgo de las bolsas en casa y SIII que me tocó recoger los juguetes de la habitación. Esta fase no era interesante para los hombrecillos de musgo
FASE FINAL.
Por último pasamos a la fase de “devolución de uno de los hombrecillos de musgo”.
Llegamos a casa de una de las abuelas incansables de nuestra ciudad y coño, eso era FAUNIA en potencia. Y en la ciudad el turismo buscando que se puede desarrollar. Nosotros sin saberlo.
Bueno, con decir que me abrió la puerta uno de los gatos, que yo creo que fue el que me contestó también al timbre. Uno me abrió la puerta, otro me recibió, había uno que no me dijo nada pero es que estaba poniendo la mesa, hasta que salió uno que era como el león de tarzán, coño que ni me acerqué por si acaso, que yo soy “mu” chico.
Bueno, experiencia con los hombres de musgo, grata, para recordar.






jueves, 1 de noviembre de 2007

Castañas, setas y médicos.






Si titulo esta entrada, las castañas, algún mal pensado creerá que me la he cogido buena, algo incierto porque no tengo ni tiempo para ello, aunque viene bien de vez en cuando, lo reconozco.
El Castañar nos esperaba, a un más inquieto todavía y a mi, que íbamos a por castañas, eso si, para enredar más que otra cosa, porque los había “semiprofesionales” por la zona.
Después de coger unas cuantas y sobre todo pasar un buen rato, el príncipe no fue invitado al evento porque estaba librando su batalla pirata, de la cual salió indemne y vencedor, descubrimos algunas setas.
Yo de setas, ni idea, en el plato si que entiendo algo más, pero me dediqué a hacer algunas fotos.
Fue nuestro gran tesoro, para Mario, setas, castañas y piñas ese día, vencedor de esa tarde, fría eso si (el grajo debía estar muy bajo).
Motivos médicos nos llevaron al inquieto y a un servidor el miércoles a la capital salmantina.
La verdad es que partíamos con la “ilusión” de coger un trozo de autovía nuevo, manda huevos con lo que nos conformamos.
El inquieto la quería ver ya desde Guijuelo y yo no sabia por donde se cogería.
La vi un poco peligrosa ahora mismo hasta que conecten con los otros tramos; para ir en dirección Salamanca tienes que hacer un stop y para volver todavía no se por donde coño se coge el primer tramo porque yo cogí la entrada pasado Arapiles.
En fin, si que se nota, se tarda menos pero lo más importante, con más seguridad.
La visita al hospital no tiene consecuencias ten negativas como en otros casos, total, estamos un poco como en casa.
Las consultas de ginecología tremendas, casi peor que en Béjar, no se ni las mujeres que habría allí esperando, y había unas cuantas consultas.
Después de la revisión del oculista, con buenos augurios pero con el mismo tratamiento, y con la “no agradable” noticia de que hay que cambiar de gafas, con los baratitas que están (hablaré con el primo de Rajoy a ver si me echa un cablecillo).
Hubo tiempo para la visita obligada a la cafetería del hospital y que el inquieto se desayunara un montado de bacon con queso y un zumo, que no sé ni como pudo, pero se lo terminó, partimos en busca del regalo para la ocasión. Para el inquieto, revisión del oculista significa abrir la hucha para comprarse un premio (todo sea porque se ponga el parche oclusivo).
Media hora para elegir, tengo para esto, me llega para lo otro, y coger varias revistas para hacer la carta a los reyes magos (es mejor meter la revista entera en un sobre tamaño folio, se tarda menos), fuimos al parking de la Santísima Trinidad, que si hubiera puesto orden no hubiéramos tardado media hora para salir.
Al final, como todos los viajes nuestros, todos los del pueblo, reconozco que me encontré con un par, pero no los delataré, acabamos en el Centro Comercial El Tormes y como no en el
Mc Donald, si este fuera pediatra se forraría, más que los de ahora.
Viaje de regreso con el maletero cargado, los de pueblo no sabemos ir a Salamanca sin volver llenos de bolsas.
En fin, nos espera el puente, sin colegio, ya veremos que deparará.