Una derrota es signo de un enfrentamiento, signo de que ha habido una batalla donde lo más importante es que los contendientes se comporten cuales caballeros medievales que luchaban con sus armas hasta el final, hasta que uno de los dos quedará en pie y el otro sobreviviera.
Para que haya una victoria debe haber una derrota, y por lo tanto un derrotado.
El honor era lo primero, lo fundamental y casi lo heroico, dos caballeros enfundados en sus armaduras luchando hasta agotar sus fuerzas pero con respeto al contrario y una vez derrotado no le quedaba más remedio que reconocer su descenso a los infiernos.
En política creo yo que las batallas deben hacerse con las mismas armas, si no se asemejaría a las batallas medievales donde las diferencias de potencial abrumaban los campos floridos por los que los caballos pasaban para unos y no para otros.
Una vez finalizad la batalla desigual donde el que partía con armas menos poderosas pero más contundentes, armas cuáles la sinceridad, la palabra, la verdad y no entrar en terrenos no abonados, y lo más importante, defendía los intereses del pueblo llano, el vencido no ha sabido aceptar su derrota.
Una vez llevado a la cárcel del castillo por un tiempo, de momento prudente pero que esperemos se alargue y esperando que se redima ante el pueblo que clama la hoguera, el preso todavía proclama su inocencia entre los barrotes de esta cárcel a la que se ha visto sometido por no saber llevar a buen puerto los negocios de sus señores pero que finalmente se creyó suyos.
Desde las mazmorras en los que se encuentra sumido vocifera que la culpa no es suya, vocifera buscando argumentos que lo otorgaran nuevamente la libertad y acusa al pueblo y a fantasmas y factores externos de su derrota en la batalla.
Sigue el caballero de la negra armadura pregonando que ha sido el pueblo el que ha tenido la culpa, siguen lanzando mensajes de venganza y culpabiliza a otros caballeros en la batalla que se han aliado en el ejército de su contrario para vencerle, que si no hubiera vuelto a ganar la batalla pero la sombra de la prepotencia se cierne en la oscuridad como la espada que no triunfó.
Olvida este que el pueblo al final es invencible, de fácil engaño pero no duradero, detrás del caballero de la blanca armadura había un pueblo escondido tras las montañas, un pueblo que quiso la libertad y aunque tarde la consiguió.
Más fácil sería aceptar la derrota y asumir errores y el castigo impuesto por el pueblo, por lo menos hasta que tenga la oportunidad de volver a entrar en batalla.
Si quiere volver a competir en los campos de castilla, si quiere derrotar a los tulipanes rojos deberá hacer autocrítica de sus errores, si todos han sido factores externos, no volverá a ganar porque estos son incontrolables, que el caballero de la prepotencia por bandera empiece por arreglar sus armas y armadura, por organizar su ejercito, cada vez mas diminuido en personal y fuerzas y sea ante todo un caballero.
La grandeza de las victorias está en saber aceptar la derrota con humildad.
A la mazmorra con él.
Para que haya una victoria debe haber una derrota, y por lo tanto un derrotado.
El honor era lo primero, lo fundamental y casi lo heroico, dos caballeros enfundados en sus armaduras luchando hasta agotar sus fuerzas pero con respeto al contrario y una vez derrotado no le quedaba más remedio que reconocer su descenso a los infiernos.
En política creo yo que las batallas deben hacerse con las mismas armas, si no se asemejaría a las batallas medievales donde las diferencias de potencial abrumaban los campos floridos por los que los caballos pasaban para unos y no para otros.
Una vez finalizad la batalla desigual donde el que partía con armas menos poderosas pero más contundentes, armas cuáles la sinceridad, la palabra, la verdad y no entrar en terrenos no abonados, y lo más importante, defendía los intereses del pueblo llano, el vencido no ha sabido aceptar su derrota.
Una vez llevado a la cárcel del castillo por un tiempo, de momento prudente pero que esperemos se alargue y esperando que se redima ante el pueblo que clama la hoguera, el preso todavía proclama su inocencia entre los barrotes de esta cárcel a la que se ha visto sometido por no saber llevar a buen puerto los negocios de sus señores pero que finalmente se creyó suyos.
Desde las mazmorras en los que se encuentra sumido vocifera que la culpa no es suya, vocifera buscando argumentos que lo otorgaran nuevamente la libertad y acusa al pueblo y a fantasmas y factores externos de su derrota en la batalla.
Sigue el caballero de la negra armadura pregonando que ha sido el pueblo el que ha tenido la culpa, siguen lanzando mensajes de venganza y culpabiliza a otros caballeros en la batalla que se han aliado en el ejército de su contrario para vencerle, que si no hubiera vuelto a ganar la batalla pero la sombra de la prepotencia se cierne en la oscuridad como la espada que no triunfó.
Olvida este que el pueblo al final es invencible, de fácil engaño pero no duradero, detrás del caballero de la blanca armadura había un pueblo escondido tras las montañas, un pueblo que quiso la libertad y aunque tarde la consiguió.
Más fácil sería aceptar la derrota y asumir errores y el castigo impuesto por el pueblo, por lo menos hasta que tenga la oportunidad de volver a entrar en batalla.
Si quiere volver a competir en los campos de castilla, si quiere derrotar a los tulipanes rojos deberá hacer autocrítica de sus errores, si todos han sido factores externos, no volverá a ganar porque estos son incontrolables, que el caballero de la prepotencia por bandera empiece por arreglar sus armas y armadura, por organizar su ejercito, cada vez mas diminuido en personal y fuerzas y sea ante todo un caballero.
La grandeza de las victorias está en saber aceptar la derrota con humildad.
A la mazmorra con él.
2 comentarios:
Sembrao como siempre Gela.
El derrotado asegura que la caida de su imperio se debe a la ingratitud de sus siervos, no ha sido capaz de aceptar que en cada contienda cometió un error que le vamos a hacer.
Que no salga nunca de la mazmorra.
la mazmorra no deberia estar solo con él, alguno mas de sus caballeros andantes en estas contiendas deberian ser encarcelados por su desden al pueblo estos ultimos tiempos. El tirano y sus secuaces deberian compartir tambien penurias. Las mazmorras llenas.
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